Nuestros profes

María  Montessori dice que debemos cultivar en nuestros profesores  más  el espíritu que la habilidad mecánica del hombre científico.

El profesor es como un observador, siempre dispuesto a guiar y dirigir, con objeto de mantener vivo el entusiasmo del niño por aprender. Esa cualidad fundamental de saber “observar“, comporta también otras cualidades muy importantes, como la paciencia.

Al maestro Montessori se le inculca un gran respeto hacia el niño y su vida privada. Debe formar al niño. En sus manos está el desarrollo de la inteligencia y la cultura. Él debe organizar y enriquecer la inteligencia del niño Más que por su cultura debe distinguirse por sus cualidades.

La actitud del maestro debe ser a la vez  positiva, científica y espiritual. Positiva y científica  porque  tiene a su cargo un trabajo que debe realizar con exactitud, consistente en rigurosas observaciones. Para ponerse en relación  directa con la verdad, la maestra necesita desvanecer todo lo que es ilusión, creación  vana de la fantasía  y distinguir sin equivocarse lo verdadero de lo falso. Y espiritual, porque su actividad debe ejercitarse  sobre el hombre.

El campo natural donde el maestro se inicia en la “observación de  la vida interior“, es la escuela donde se desarrollan los niños libremente con la ayuda de un material adecuado. Es allí donde se sentirá lleno de interés “observando“ los fenómenos espirituales de los niños, y donde experimentará una serena alegría y un deseo insaciable de seguir observando a sus alumnos.


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